Viernes, 03 de julio 2026.
Venezuela: Cuando un desastre natural se encuentra con el fracaso humano
Los acontecimientos ocurridos en Venezuela durante la última semana representan una de las catástrofes más devastadoras que ha enfrentado América Latina en décadas. Lo que comenzó como dos poderosos terremotos evolucionó rápidamente en una crisis humanitaria de enormes proporciones. Con más de 2,200 fallecidos confirmados, miles de heridos y decenas de miles de personas desplazadas, la cifra de víctimas mortales continúa aumentando mientras los equipos de rescate trabajan incansablemente entre los escombros de comunidades enteras reducidas a ruinas. El estado de La Guaira ha sufrido la destrucción más extensa, con fallas estructurales generalizadas que han dejado barrios completos inhabitables.
A medida que ingenieros y expertos en estructuras continúan con las inspecciones, la atención ha comenzado a centrarse no solo en la fuerza del fenómeno natural, sino también en la vulnerabilidad de muchos de los edificios que colapsaron. Los investigadores están analizando si deficiencias en los materiales de construcción, las prácticas de ingeniería y el diseño de las cimentaciones contribuyeron a la magnitud de la destrucción. De confirmarse estos hallazgos, el desastre no será recordado únicamente como el resultado de un terremoto, sino también como la consecuencia de años de estándares de construcción inadecuados, supervisión insuficiente y fallas sistémicas en las prácticas constructivas.
Igualmente preocupantes son las crecientes interrogantes en torno a la respuesta de emergencia. Si bien innumerables bomberos, personal médico, unidades militares, voluntarios y equipos internacionales de rescate han trabajado sin descanso para salvar vidas, han surgido informes que describen retrasos operativos, restricciones a las labores de rescate y problemas de coordinación que pudieron haber obstaculizado las operaciones de salvamento durante las primeras horas críticas tras el desastre. Estos reportes han alimentado un importante debate sobre si todas las decisiones adoptadas inmediatamente después de la tragedia priorizaron, por encima de cualquier otra consideración, la preservación de la vida humana.
Las lecciones que deja esta tragedia trascienden las fronteras de Venezuela. Los terremotos no pueden prevenirse, pero sus consecuencias, en muchos casos, sí pueden mitigarse. Una ingeniería sólida, la aplicación rigurosa de los códigos de construcción, una preparación eficaz para emergencias, una gobernanza transparente y una coordinación fluida entre las instituciones de respuesta suelen marcar la diferencia entre que un desastre natural permanezca como una emergencia manejable o se convierta en una catástrofe nacional.
En esta edición especial analizamos no solo el impacto inmediato de estos devastadores terremotos, sino también las preguntas fundamentales que inevitablemente surgen cuando el polvo comienza a asentarse: ¿Qué falló? ¿Qué pudo haberse evitado? ¿Y qué lecciones deben aprender los gobiernos, las empresas y las comunidades para prepararse mejor ante los desastres del futuro?
Brett Mikkelson
Fundador, B.M. Investigations, Inc. – Investigaciones Privadas en Panamá
El Gobierno de Venezuela Eleva a 2.295 los Fallecidos por el Doble Terremoto

El presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez, ha elevado este miércoles a 2.295 los muertos por el doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela la semana pasada, lo que implica un aumento de 352 decesos. Según el Ministerio de Exteriores de España, 26 de los fallecidos son españoles y, además, sigue habiendo 12 localizados bajo los escombros y 150 con los que no se ha podido contactar aún. La presidenta Delcy Rodríguez ha decretado siete días de luto nacional por las víctimas, a contar a partir de este miércoles. Los heridos, según el último balance oficial, alcanzan los 11.267 y la mayoría está siendo atendida en hospitales de Caracas en una situación precaria. Asimismo, Jorge Rodríguez ha indicado que 6.461 personas han sido rescatadas.
En un acto protocolar, la presidenta encargada de Venezuela otorgó la condecoración “Héroe de Venezuela” a las brigadas de rescatistas de Suiza e Italia, que se despiden del país y resaltó que lo positivo de la cooperación y la amistad entre los pueblos.
A una Semana de los Terremotos, La Guaira se Ajusta a la Nueva Realidad

Ya ha pasado una semana de los terremotos del 24 de junio, quizás el mayor desastre natural de la historia de Venezuela. En La Guaira, a pesar de la llegada de ayuda humanitaria y personal de rescate, los trabajos para tratar de resolver la devastación que dejaron los sismos avanzan muy lentamente.
En total, han transcurrido siete días desde que la atención de toda Venezuela se volcó sobre La Guaira para tratar de paliar el impacto del terremoto. Pese a esto, en la entidad costera el progreso, si bien es visible, parece no ir al ritmo necesario para atender la magnitud de la situación.
En la vía de Maiquetía a Macuto, el panorama está repleto de damnificados que, algunos con carpas y otros con estructuras improvisadas, pasan el tiempo en la calle mientras esperan algún tipo de solución gubernamental. Se trata de miles de personas que sobreviven en la intemperie, gracias principalmente a donaciones de particulares.
La presencia del Estado se manifiesta a través de efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana, que sobre todo se ocupan del tránsito de vehículos en decenas de puntos de control en la avenida Soublette. Sin embargo, la magnitud de la tragedia es tal que la presencia de funcionarios y de socorristas del extranjero simplemente no es suficiente.
Por cada ruina de una edificación que cuenta con personas buscando sobrevivientes y trasladando cadáveres al puerto de La Guaira –la morgue improvisada y centralizada–, hay decenas de otras en donde el trabajo de remoción de escombros no ha comenzado.
El Terremoto Presiona a una Economía Venezolana que Busca Recomponerse con una Reestructuración de Deuda Récord

Venezuela afronta la mayor reestructuración de deuda soberana de la historia bajo la presión añadida del terremoto sufrido esta semana. El Gobierno de Delcy Rodríguez trabaja en una reestructuración de deuda récord que, de confirmarse, superaría en tamaño a las grandes reestructuraciones de Grecia o Argentina. Además, llega en un momento delicado, con el país lejos de la estabilidad económica y con el seísmo añadiendo nuevas necesidades de gasto para atender la emergencia humanitaria y la reconstrucción.
Caracas lanzó en mayo formalmente un proceso para reestructurar la deuda pública y la de Petróleos de Venezuela, PDVSA. De hecho, el Gobierno ha contratado a Centerview Partners, con el banquero francés Matthieu Pigasse, antiguo directivo de Lazard y que ya ha participado en grandes reestructuraciones soberanas, al frente de las negociaciones. Venezuela se enfrenta a una ingente carga de deuda y una base de acreedores muy fragmentada que incluye tenedores de bonos, prestamistas bilaterales (especialmente China) y titulares de laudos arbitrales, sentencias judiciales y deuda comercial vinculada al petróleo.
Hasta ahora, los analistas calculaban una deuda externa de entre 150.000 y 200.000 millones de dólares. Si la cifra final asciende a 240.000 millones de dólares (más de 210.000 millones de euros), según ha publicado días atrás Financial Times, será más del doble del PIB venezolano (cerca de 100.000 millones de dólares en 2025 según el Fondo Monetario Internacional) y mucho más de lo que puede sostener el país en condiciones normales. Por ello, los analistas consideran que la negociación no girará solo en torno a si habrá quita, sino a cómo se estructurará la operación para evitar que Venezuela salga de un impago para caer en otro al poco tiempo. El terremoto de esta semana, además, añade una capa de dificultad extra. La economía ya necesitaba recuperar inversión, estabilizar precios, reconstruir infraestructuras y reactivar la producción petrolera. Y ahora también tiene que asumir daños materiales, servicios básicos y emergencias.
“[El terremoto] aboca a un retraso en el calendario. El cronograma previsto antes del seísmo era ya muy exigente. En la situación actual, con un gobierno interino con problemas de coordinación que tiene que gestionar una crisis humanitaria y la que probablemente será la mayor reestructuración de deuda de la historia, el retraso en el calendario es prácticamente seguro”, explica Judith Arnal, investigadora principal para economía del Real Instituto Elcano.
Ese retraso no implica necesariamente una quita mayor. “Sí que puede conllevar mayores extensiones de vencimientos, ampliaciones de periodos de gracia o cláusulas contingentes. Probablemente, los inversores interpreten el seísmo como un shock transitorio, más que como una pérdida permanente de la capacidad de pago”, añade Arnal. “La priorización de la reconstrucción frente a acreedores puede ser complicada. Políticamente es atractiva y tendría sentido, pero financieramente es limitada. Para la reconstrucción será necesaria financiación, y eso pasa por volver a tener acceso a mercados y a financiación de instituciones multilaterales. Por ello, reconstrucción y reestructuración de la deuda son dos elementos que tendrán que ir de la mano”.
Washington no se ha pronunciado sobre cómo debe afectar el terremoto a la reestructuración de la deuda, pero su respuesta inicial es la de facilitar la ayuda humanitaria y la coordinación internacional. Donald Trump aseguró que EE UU está “preparado, dispuesto y capacitado” para ayudar a Venezuela y afirmó que había instado a todas las agencias de su gobierno para actuar con rapidez. El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo que Washington estaba preparando una respuesta “grande, rápida y eficaz”. De hecho, el Tesoro de EE UU ha autorizado operaciones relacionadas con la ayuda por el terremoto en Venezuela que, de otro modo, habrían estado prohibidas por las sanciones y que da un paso más en la moderación de las restricciones al país latinoamericano.
Caída de los bonos
Los inversores ya han empezado a mostrar más cautela. Los datos de Bloomberg reflejan que el bono soberano venezolano con vencimiento en 2027 llegó a cotizar por encima de los 55 centavos por dólar a mediados de mayo, en un momento de optimismo inicial por el inicio formal de la reestructuración, que se vio como un intento real de Venezuela de volver a los mercados financieros y recobrar la confianza de los inversores. Desde entonces, ha perdido terreno y esta semana se ha vuelto a situar por debajo de los 50 centavos. La deuda de PDVSA también ha corregido. Su bono con vencimiento en 2035 ha retrocedido desde niveles superiores a 50 centavos en mayo hasta el entorno de 45 centavos.
El petróleo juega un papel crucial en la economía venezolana. El país tiene las mayores reservas de crudo del mundo probadas, pero la industria está muy dañada por años de sanciones, desinversión, mala gestión y pérdida de capacidad técnica. La producción se ha recuperado desde los mínimos registrados en 2020 y alcanzó en mayo los 1,18 millones de barriles diarios, según datos de Bloomberg. Es el mejor nivel desde 2019, pero todavía está lejos de los más de 2,4 millones de barriles diarios que el país bombeaba en 2012. Y para que la operación de reestructuración prospere, PDVSA será un eje central.
“Tiene que haber un acuerdo omnicomprensivo, que abarque a todos los acreedores y suponga una verdadera reducción del valor presente neto de la deuda y no solo maquillaje. Será necesaria una combinación de quitas de principal, ampliaciones de vencimientos y periodos de gracia, cupones bajos. Podrían contemplarse también instrumentos contingentes, como instrumentos financieros ligados al precio del petróleo o del PIB, que compartirían el alza con los acreedores, pero protegerían al Estado a la baja. También necesita un plan creíble de inversión en PDVSA y el sector petrolero”, valora Judith Arnal.
La inflación añade otro punto de complejidad. Los precios subieron un 6,3% en mayo, menos que en meses anteriores, pero la mejora es relativa. Según datos mensuales de Bloomberg, la inflación acumulada entre enero y mayo ronda el 102%, lo que significa que los precios se duplicaron en apenas cinco meses. Venezuela también debe demostrar que puede estabilizar su moneda, ordenar las cuentas públicas y publicar datos fiables.
“Para recuperar la confianza de los mercados, Venezuela necesita credibilidad estadística, tras años sin datos fiables. Plantear un análisis de sostenibilidad de la deuda sin aval del FMI, como parece que se está haciendo, es poco recomendable. También necesita de un Estado de Derecho y respeto a los derechos de la propiedad. El inversor necesita estar convencido de que el riesgo de expropiación ha desaparecido, y una estabilización monetaria y fiscal”, concluye Arnal.
El Vuelo de la Desgracia: los 147 Deportados de Estados Unidos que Terminaron Bajo los Escombros en Venezuela

Habían llegado a la patria y la patria los había recibido pocas horas antes de que Venezuela se convirtiera en una fosa común de concreto y de cuerpos sepultados. Volvían sin nada, apenas la ropa y ellos mismos, como no se suponía que regresaran del país al que se habían ido a buscarlo todo. En la mañana del miércoles 24 de junio, Melvin Maldonado, el jefe de la misión encargada de gestionar el programa de repatriación nacional, difundió un video de los nuevos 147 deportados desde Estados Unidos, los del vuelo 164, e hizo gala de cuán generosa era la patria por aceptarlos de vuelta. Al grupo se le vio satisfecho en las instalaciones del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, livianos por haber dejado atrás los centros de detención de Texas, o de Georgia, o de Miami. Al rato, la publicación de Maldonado se atiborró de preguntas: “Por favor, ¿dónde están los que llegaron? Los estamos buscando, ¿cómo podemos saber de nuestros familiares?, ¿por qué no han llegado a sus hogares?, ¿alguien sabe de Daniel Henrique? ¿de Johana Pineda?, ¿dónde están los del vuelo 164?”
Daniel Salcedo, uno de los deportados desaparecidos.
“¡Ese de allí es mi cuñado!” Verónica Nieves lo reconoció de espaldas en el video difundido por Maldonado. Sin dudas era él, Yamil Caldera, 32 años, el hombre de pantalón negro y pulóver rojo, ansioso por llegar a Cumaná, en el estado de Sucre. Había sido detenido hacía meses en un mercado de la cadena Walmart junto a su esposa por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), y luego fueron trasladados al Centro de Detención de Eloy, en Tucson, Arizona. A él lo habían deportado este miércoles, a ella le quedaba aún una cita con el juez.
Ya en Maiquetía, a Caldera le dio tiempo de llamar a su familia y confirmar que, después de varias horas de vuelo desde Texas, había aterrizado en su país. Anderson Antonio Pérez, de 33 años, quien vivía desde hace un año y medio en la ciudad de Montgomery, en Alabama, llamó a los suyos sobre las cuatro de la tarde. “Habló con su esposa, dijo que habían llegado y que los iban a ubicar para, al día siguiente, traerlo para acá para Barquisimeto, pero ya no se supo más nada de él”, dice la hermana, Yujaby Elizabeth Díaz Pérez.
Desde las instalaciones del aeropuerto, los venezolanos deportados —120 hombres, 19 mujeres y siete niños— fueron conducidos por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) hacia el Hotel Santuario La Llanada, en el estado de La Guaira, cuando aún nadie sabía que en realidad los estaban llevando hacia la misma boca de los más grandes temblores que los venezolanos hayan sentido bajo sus pies en más de un siglo. Todavía no eran las 18:04 hora local, el momento exacto que les removería la vida para siempre.
El Hotel Santuario La Llanada, una estructura sin ningún lujo, manejado por la Misión Negra Hipólita y localizado en una montaña a poco más de media hora de Caracas, fue en el pasado la sede del Colegio San Benito, prestó alguna vez servicios a personas en situación de calle y con problemas de adicción, y devino el sitio de aislamiento de los viajeros que llegaban infectados de Covid-19 al aeropuerto de Maiquetía durante la pandemia. Desde que la administración de Donald Trump y el Gobierno chavista establecieran un acuerdo de deportación, el hotel ha sido el lugar donde han recalado los migrantes. De este año, se desconoce la cifra total de venezolanos que fueron devueltos a su país por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) estadounidense, pero en el 2025 el localizador ICE Flight Monitor registró 73 vuelos de deportación hacia Venezuela, operados dos veces por semana, que cargaron con casi 14.000 personas.
Una vez en el hotel, los recién llegados se someterían a ciertos protocolos: chequeos médicos, vacunación, trámites para cédulas. En uno de los dormitorios estaba Joan, de 28 años, que el 13 de junio fue detenido por ICE cuando se dirigía a su trabajo, en Florida, donde quedaron su hija de seis años y su esposa. La familia estaba desesperada porque saliera del centro de detención de El Paso y volviera a Venezuela.
“Intentamos mediante abogados poder sacarlo bajo fianza, pero los costos eran demasiados, no contábamos con los recursos para poder pagar, y decidimos que él iba a firmar su salida voluntaria, y así lo hizo”, cuenta por teléfono su esposa Daniela.
El miércoles, en el hotel, Joan se había bañado y se iba a acostar a dormir después de un viaje agotador. Se sentó en una de las literas, se sintió mareado, observó cómo todo se movía a su alrededor, como si el Dios del mundo los estuviera sacudiendo a todos con rabia. Alcanzó a ponerse los zapatos y una camisa, logró dar tres pasos largos, gritó: “¡Es un terremoto, es un terremoto!”
Ahora mismo no puede pronunciar una palabra, “está en shock”, su esposa Daniela lo cuenta por él: “Cuando ya estaba por llegar a la puerta, el hotel colapsó, él quedó bajo los escombros. Dice que sobrevivió porque una litera le cayó encima, los colchones lo ayudaron a resistir el peso. Estuvo tres horas bajo los escombros, escarbando, y logró salir por sus propios medios. Cuando salió, intentó ayudar lo más que pudo, intentó rescatar a varias personas vivas y a otras que lamentablemente no lo lograron”.
Para ese entonces, nadie en el hotel podía dimensionar la magnitud del daño provocado por los sismos que, según la ONU, podrían dejar unos 50.000 desaparecidos. De momento todo lo que sucedía, sucedía allí, en el hotel de techo color terracota que se les había venido encima. La gente que pudo empezó a salir de debajo de los escombros, algunos se quedaron a ayudar a quienes permanecían sepultados. “Los sobrevivientes ayudábamos a rescatar, pero no teníamos herramientas, estamos hablando de un techo de casi 1000 kilos, ¿quién va a poder con eso?”, contó públicamente Juan Manuel Fernández Quintero, uno de los 147 deportados, quien solo luego supo que se le habían roto cuatro costillas tras el impacto.
Los sobrevivientes, que apenas se conocían entre sí, que no eran vecinos, ni familia, ni amigos, y que ni siquiera se sabían sus nombres, más allá de los apodos que les había dejado el encierro en Estados Unidos (El Gocho, Pelo Pintado, El Caraqueño), eran apenas cuerpos apaleados, empolvados, ausentes, las víctimas a las que nadie fue a ayudar en horas, la gente que esperaba que el regreso fuera llevadero, después de todo lo que habían pasado en detención.
Para la medianoche del viernes, los padres de Anderson Daniel Salcedo Lozano, de 21 años, estaban casi de guardia en el Hospital José María Vargas, de Caracas. Su hijo permanece entubado, le amputaron las dos piernas y su pronóstico es crítico. Los padres han buscado un culpable y lo han encontrado: “el Gobierno venezolano”, dicen. Uno de los sobrevivientes, también ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos, les contó que los deportados que permanecían en el hotel les rogaron a gritos a los funcionarios del Sebin que “les abrieran, que les abrieran, porque estaba temblando, y ellos no les abrieron. Los dejaron encerrados como si fueran unos ladrones, unos matones”, dice la madre, Yulis Salcedo.
“Si vienen de regreso a su Patria, ¿por qué se lo entregan al Sebin [el principal órgano de inteligencia del Gobierno venezolano]? Si los traen de allá háganles el proceso y mandenlos a cada uno para su casa. ¿Cómo es posible que los traigan de allá, a donde van a buscar una mejor vida, y los tengan de retén?”, se pregunta Salcedo, a puro llanto. “¿Por qué no les abrieron la puerta si sabían que no tenían antecedentes penales? Tengo mucho dolor, mucho, mi hijo ya se quería regresar a su patria, porque el Gobierno de Estados Unidos no lo dejó trabajar allá, y mire cómo los reciben acá, como unos presos, como unos detenidos. ¿Por qué no los soltaron? Si hoy muchos están muertos, es porque el Sebin no les quiso abrir la puerta, y ningún funcionario se ha acercado acá al hospital a preguntar por ninguno de los deportados”.
Las víctimas de Trump y de la catástrofe
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, que no ha dejado de contestar el teléfono a altos dirigentes en los últimos días, mantuvo conversaciones con el presidente Donald Trump y su Secretario de Estado, Marco Rubio, quienes se comprometieron con el envío de rescatistas, equipos especializados y asistencia humanitaria. El propio Trump lo reafirmó en su red Truth Social: “¡Estados Unidos está preparado, dispuesto y es capaz de ayudar!”, dijo. “Estaremos ahí para nuestros nuevos y maravillosos amigos”.
Las palabras de Trump no resuenan en los oídos de casi nadie, menos en los familiares de los deportados. Su Gobierno convirtió en indocumentados a unos 650.000 venezolanos, despojándolos de cualquier amparo legal; envió a más de 250 al temido Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), en El Salvador; les dijo que eran pandilleros, terroristas y criminales, y ha detenido a cientos en los centros de todo el país.
Arturo Alejandro Morales era uno de esos detenidos en El Paso, Texas, y su padre, Arturo José Morales, nunca supo que había sido deportado en el vuelo 164. Contaba con que estaba bien, encerrado, pero bien. El jueves 25 de junio, un día después de la tragedia en Venezuela, su hijo cumplió 25 años y no fue hasta ese momento que el padre se se enteró no solo de que el hijo había sido deportado, sino de que era una de las víctimas del Hotel Santuario La Llanada.
“Un conocido mío, que estaba preso con él en El Paso, llegó en el mismo vuelo a Venezuela y cuando ocurrió el terremoto me lo comunicó, me dijo que tratara de buscarlo, porque estaban juntos en el hotel y nunca lo vio salir”, cuenta Morales.
Ya suman cuatro días, casi 100 horas, el tiempo en que la esperanza de hallar vida se hace más corta, el momento en que Venezuela empieza a convertirse en el cementerio colectivo de los que no pudieron sacar la cabeza de debajo de los escombros. La lógica indica que las probabilidades de encontrar sobrevivientes son menores, pero los familiares no creen en ello. Cuando la cifra oficial de fallecidos era de 164, en las primeras horas del desastre, la gente buscó a los suyos con la misma fuerza que cuando la cifra aumentó a 971 fallecidos, o ahora que está en más de 1500. La gente sigue hablando de desaparecidos, para evitar hablar de muerte. Es eso lo que los mantiene de pie, cuando todo a su alrededor ha colapsado.
Morales ha pedido que le busquen a su hijo, ahora que él mismo no puede ir a sacar escombros con sus manos. “Aún estoy esperando respuesta de las personas que lo están buscando desde la noche de ayer. No sé nada”, dice.
Otros familiares de los deportados han creado fichas que difunden desesperadamente para que los localicen en hospitales o entre los escombros del Hotel Santuario La Llanada, a donde aseguran que apenas ha llegado refuerzo para labores de rescate. “Allí aún hay gente con vida, apenas han habido rescatistas, gente que pueda auxiliar”, sostuvo Verónica Nieves, la cuñada que busca a Yamil Calderas. Algunos familiares han denunciado que los funcionarios del Sebin no los dejan ir a socorrer a las personas tapiadas por el derrumbe, y que al menos hasta la tarde del domingo las labores de rescate habían sido muy lentas y escasas.
Policías Venezolanos Arrestados por Presuntos Saqueos tras los Terremotos

Cuatro policías venezolanos han sido arrestados y se enfrentan al despido tras ser acusados de saquear dinero en efectivo de entre los escombros de un edificio que se derrumbó durante los devastadores terremotos gemelos de la semana pasada .
Los habitantes locales y los equipos de rescate nacionales e internacionales continúan buscando supervivientes tras los dos terremotos consecutivos, que han causado la muerte de casi 2.000 personas, han dejado más de 10.000 heridos y decenas de miles de desaparecidos.
En videos difundidos en las redes sociales se veía a personas enojadas tratando de impedir que miembros del Cuerpo de Investigación Científica, Penal y Criminalística (CICPC) se apropiaran indebidamente de una caja fuerte llena de dólares de un edificio en ruinas en el estado de La Guaira, uno de los más afectados.
En un comunicado, la CICPC informó que cuatro oficiales habían sido arrestados y relevados de sus funciones, y que se habían iniciado acciones disciplinarias para su “despido inmediato”.
“A la luz de los recientes sucesos en las zonas afectadas por los terremotos en el estado de La Guaira, se confirmó que un grupo de oficiales, desviándose de sus funciones y aprovechándose de las labores de rescate y ayuda humanitaria, actuaron indebidamente al apropiarse de objetos de valor encontrados entre los escombros”, dice el comunicado.
“Esta conducta individual, reprobable y contraria a los valores fundamentales de nuestra doctrina, menoscaba directamente el prestigio y el respeto público de la institución.”
Aunque un niño de tres años fue rescatado con vida de entre los escombros de un edificio en La Guaira el martes, las esperanzas de encontrar más supervivientes se desvanecen. Mientras tanto, crece la indignación pública por la lentitud de las labores de rescate del gobierno y por la conducta de algunos miembros de las fuerzas armadas y la policía.
Los voluntarios, muchos de ellos equipados con poco más que palas, cuerdas y sus propias manos, afirman que están haciendo todo lo posible para localizar a los supervivientes, mientras que, según dicen, algunos miembros del ejército y la policía venezolanos están saqueando, bloqueando la ayuda y apropiándose indebidamente de las donaciones.
El miércoles, cientos de voluntarios seguían llegando a La Guaira, la zona cero del desastre, para ofrecer su ayuda.
“Queremos hacer todo lo posible para ayudar”, dijo Fabiano Nadales, de 35 años, un voluntario de la ciudad de Valencia que viajaba en la parte trasera de una camioneta con un equipo de unos 15 estudiantes de medicina y rescatistas aficionados.
Nadales afirmó que aún conservaba la esperanza de encontrar más supervivientes. «Los milagros existen. Algunas personas pueden sobrevivir diez días», dijo mientras su convoy esperaba atrapado en un enorme atasco.
“Es muy duro… pero solo estamos tratando de ayudar”, dijo Estefanía Callejas, de 25 años, estudiante de tercer año de medicina de Valencia, quien también se encontraba entre quienes luchaban por llegar al lugar con la esperanza de ayudar a atender a los miles de heridos leves.
Altos funcionarios del gobierno han atribuido la creciente indignación ciudadana y los informes sobre la participación de personal militar en saqueos y la lentitud en la entrega de ayuda a la desinformación. Han instado a la población a ignorar las estrategias de manipulación en las redes sociales y a confiar en la información oficial.
Sin embargo, algunos de los rescatistas voluntarios afirman que ven pocas pruebas de que las autoridades se hayan apresurado a prestar ayuda, una semana después de que ocurriera el desastre.
“Se ve a los bomberos y al equipo de rescate mexicano Los Topos”, dijo a Reuters Alexander Delgado, un maestro del estado venezolano de Aragua. “Pero no se ve al estado en sí”.
Su equipo ha pasado cinco días removiendo escombros y escuchando atentamente los sonidos de la vida bajo el intenso sol caribeño en La Guaira. Cuentan con el apoyo de otros voluntarios locales, que les proporcionan agua, mascarillas, hielo e información sobre el complejo residencial Hugo Chávez, compuesto por ocho torres, de las cuales seis ahora son solo escombros.
El Ministerio de Comunicaciones de Venezuela, que gestiona las consultas de los medios de comunicación en nombre de las fuerzas armadas y la policía, no respondió de inmediato a las solicitudes de comentarios.
Para el martes, transcurridos seis días, había dos equipos de rescate internacionales y algunos bomberos locales, así como un camión del servicio forense de Venezuela, pero aún carecían de equipo pesado, dijo Delgado.
Mijaed Díaz, veterinario que se había unido a otros voluntarios, también afirmó que se necesitaba más ayuda de las autoridades venezolanas. «Me gustaría ver una mayor presencia de entidades públicas, que son las que realmente se encargan de esto», dijo mientras buscaba bolsas para cuatro cadáveres recién sacados de entre los escombros. «Pero al final, estamos acostumbrados a arreglárnoslas con lo mínimo».
Daniela Armas, que esperaba comida en un albergue de emergencia en La Guaira, dijo que la situación era desesperada. «Aquí reparten provisiones, pero a veces la gente casi se mata por comida», declaró a la Agencia France-Presse. «Es como una pelea de gallos».
Tras agradecer inicialmente a los voluntarios civiles, el gobierno restringió el viernes el acceso público a La Guaira, lo que enfureció a las personas que intentaban ayudar a encontrar supervivientes.
Un funcionario del gobierno apostado en un puesto de control en La Guaira declaró el domingo a Reuters que había presenciado cómo agentes de policía y militares se apoderaban de la ayuda de tres camiones que transportaban suministros, alardeando de lo que habían logrado “conseguir”.
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, está tratando de afianzar su poder después de que Estados Unidos derrocara a su predecesor, Nicolás Maduro , en enero.
“Delcy y su equipo llevan 26 años al mando y solo tienen un guion”, dijo James Story, quien fue embajador de Estados Unidos en Venezuela hasta 2023. “Se atribuyen el mérito de todo lo positivo, culpan a otros de todo lo negativo e intentan controlar la narrativa”.
Sin embargo, Donald Trump ha elogiado la relación de Estados Unidos con Rodríguez, y las empresas estadounidenses han expresado interés en todo, desde petróleo hasta oro.
El encargado de negocios de la embajada estadounidense, John Barrett, también avaló la gestión del desastre por parte de Rodríguez, declarando a Univision el lunes que tenía “mucha confianza” en las autoridades locales.
Los temblores de magnitud 7,2 y 7,5, uno de los peores desastres sísmicos de la historia de América Latina, provocaron el derrumbe de complejos residenciales enteros el 24 de junio.
Los análisis preliminares de datos satelitales sugieren que más de 58.000 edificios podrían haber resultado dañados o destruidos por el terremoto, una cifra muy superior a las estimaciones oficiales de la devastación. El lunes, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, informó que 855 edificios habían sufrido daños, incluyendo 189 que se derrumbaron por completo.




